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Una Clave para Comprender el Futuro

 

Un Mahatma de los Himalayas

 

Pintura de Nicholas Roerich que ilustra el texto La Carta del Maha Chohan, el maestro de los maestros.

 

 

1. Introducción: la Importancia del Documento

Los registros históricos nos muestran que, en 1881, uno de los Maestros de Sabiduría que guiaron directamente el trabajo teosófico en su fase pionera decidió pedir consejo a su propio instructor.            

 

El Maestro de los Maestros fue oído entonces. El tema era la naturaleza, la meta y la dirección del movimiento al que se estaba dando inicio.

 

Los Maestros llaman simplemente Chohan al sabio consultado. La palabra “Chohan” significa “Señor”. Desde entonces, este mismo sabio ha sido frecuentemente denominado “Maha Chohan”. Uno de los instructores de H. P. Blavatsky lo llamó una vez “la roca de las edades”. En otra ocasión, este sabio oriental se refirió al Chohan como “aquel para quien el futuro es como una página abierta”. [1]

 

Tras la consulta con el Maha Chohan, el Maestro relató la conversación. Este texto es la descripción más autorizada de la Misión que el movimiento teosófico y esotérico auténtico debe cumplir, no solo en las décadas siguientes, sino también en los siglos siguientes. Contiene una profecía extraordinaria y alentadora sobre el progreso cultural e histórico de nuestra humanidad. A diferencia de tantas “profecías” que se limitan a anunciar desastres, el texto señala el camino de la transición humana victoriosa (no sin sacrificios) hacia una nueva era de fraternidad planetaria.

 

La carta del Maha Chohan tiene una importancia especial, entre otras razones, porque en ella encontramos elementos centrales de información sobre la religión del futuro. Define las líneas generales de una religiosidad que debería volverse más visible durante el siglo XXI. Sin embargo, había una duda con respecto al contenido exacto de la carta en un pasaje decisivo. El texto transcrito por C. Jinarajadasa en el volumen “Letters From the Masters of Wisdom – first series” dice:

 

“La Sociedad Teosófica fue elegida como piedra angular, como base de las religiones futuras de la humanidad”. [2]

 

Este pasaje puede llevar al estudiante a plantearse algunas preguntas. ¿Habrá, en el futuro, varias religiones compitiendo unas con otras? O ¿habrá una sola religión global, que tendrá, sin embargo, un carácter no autoritario?

 

La carta original del Maha Chohan desapareció, y existe más de una copia de ella. En los primeros años del movimiento, entre los estudiantes circulaban privadamente transcripciones de las cartas de los Mahatmas. La Sociedad Teosófica de Pasadena publicó la versión del texto que se halla en la Biblioteca Británica. En ella, el documento se refiere a la religión futura, en singular:

 

“La Sociedad Teosófica fue elegida como piedra angular, como base de la religión futura de la humanidad”. [3]

 

En este caso, el Maestro habría afirmado que la religión del futuro será una sola, naturalmente no en el sentido burocrático de la palabra, porque inevitablemente dará la bienvenida a la diversidad cultural.

 

Para comprobar y verificar directamente los hechos, tomamos medidas para obtener una copia auténtica de la versión más autorizada de la carta del Chohan que existe en el mundo. Esta es, sin duda, la copia que hizo con una pluma estilográfica el propio Alfred Sinnett, el periodista y teósofo británico que la recibió del Maestro. El documento se encuentra ahora en la sección de Additional Manuscripts de la Biblioteca Británica, en Londres, bajo el título de Mahatma Papers. Su número de identificación es ADD.45289A. En mayo de 2009, obtuvimos una copia certificada completa del manuscrito ADD.45289A de la Biblioteca Británica.

 

Un examen directo de la carta, en la página 53 del manuscrito de Sinnett, confirma el hecho de que la frase correcta es:

 

“La Sociedad Teosófica fue elegida como piedra angular, como base de la religión futura de la humanidad”.

 

Vista parcial de la transcripción de Sinnett de la carta, con las palabras “de la religión futura”, en el texto La Carta del Maha Chohan, el maestro de los maestros.

Vista parcial de la transcripción de Sinnett de la carta, con las palabras “de la religión futura”

 

 

Esta confirmación es importante por varias razones. Una de ellas es que, todavía hoy, la mayoría de publicaciones teosóficas – incluidas las que se enfocan en la teosofía original – siguen divulgando la versión errónea de la frase, que se refiere a “las religiones”, en plural, como en la versión de C. Jinarajadasa.

 

También es importante señalar que, en la última frase de la carta, hay una referencia a “la verdadera filosofía, la verdadera religión, la verdadera luz”, en singular.

 

La religión del futuro es una religión filosófica, una religión de sabiduría.

 

Es solo una, lo cual significa universal, pero no es autoritaria y, por tanto, incluye el principio de la diversidad. Se basa en la percepción y experiencia directas de la ley de la fraternidad que une a todos los seres. Internamente una, puede ser vista como externamente múltiple.

 

Transcribimos abajo el texto entero de la profética carta del Maha Chohan, en la versión de Jinarajadasa, con la corrección en la frase que hace referencia a la religión del futuro.

 

(Carlos Cardoso Aveline)

 

2. La Carta Completa del Maha Chohan

Título original y líneas iniciales de la carta, en una copia hecha por A. P. Sinnett, en el texto La Carta del Maha Chohan, el maestro de los maestros.

Título original y líneas iniciales de la carta, en una copia hecha por A. P. Sinnett

  

 

Varias Buenas Razones Por las Que la S. T.
Debería Ser una Hermandad de la Humanidad

 

Para la S. T. Ecléctica de Simla

 

La doctrina que promulgamos, siendo la única verdadera, debe (respaldada por las pruebas que estamos preparando) finalmente triunfar, como cualquier otra verdad. Sin embargo, es absolutamente necesario inculcarla gradualmente, reforzando sus teorías (hechos incuestionables para aquellos que saben) con inferencias directas deducidas de, y corroboradas por, las evidencias que la ciencia exacta moderna nos proporciona. Esta es la razón por la cual el coronel H. S. O., quien no trabaja sino para resucitar el budismo, puede ser considerado como alguien que se esfuerza en el verdadero camino de la teosofía mucho más que quien elige como meta satisfacer su ambición ardiente de conocimiento oculto. El budismo, despojado de sus supersticiones, es la verdad eterna, y quien busca la verdad eterna está buscando la Theo-Sophia, la Sabiduría Divina, sinónimo de la verdad.

 

Para que nuestras doctrinas influyan de manera práctica en el llamado código moral, o en las ideas de veracidad, pureza, abnegación, caridad, etc., hemos de popularizar el conocimiento de la teosofía. Lo que constituye al teósofo verdadero no es el propósito individual y determinado de alcanzar el Nirvana (culminación de todo conocimiento y sabiduría absoluta) – propósito que, a fin de cuentas, no es más que un egoísmo exaltado y glorioso -, sino la búsqueda abnegada del mejor modo de llevar a nuestro prójimo al camino correcto, beneficiando al mayor número posible de nuestros semejantes.

 

Los sectores intelectualizados de la humanidad parecen estar dividiéndose rápidamente en dos grupos. Uno se prepara inconscientemente para largos períodos de aniquilación temporal, o estados de no consciencia, debido al abandono deliberado de su intelecto y al aprisionamiento en los estrechos caminos del fanatismo y de la superstición, proceso que inevitablemente conduce a la deformación total del principio intelectual; el otro se entrega desenfrenadamente a sus impulsos animales con la intención deliberada de someterse a la aniquilación pura y simple en caso de fracasar, y a milenios de degradación después de la disolución física. Esas “clases intelectuales”, actuando sobre las masas ignorantes a las que atraen, y que las ven como nobles y dignos ejemplos a seguir, rebajan y degradan moralmente a quienes deberían proteger y orientar. Entre la superstición degradante y el aún más degradante y brutal materialismo, la paloma blanca de la verdad difícilmente encuentra un lugar donde poder reposar sus despreciados y exhaustos pies.

 

Es hora de que la teosofía entre en escena; es más probable que los hijos de los teósofos se vuelvan teósofos que otra cosa. Ningún mensajero de la verdad, ningún profeta ha obtenido jamás un triunfo completo durante su vida, ni siquiera Buda. La Sociedad Teosófica fue elegida como piedra angular, como base de la religión futura de la humanidad. Para alcanzar el objetivo propuesto, se decidió que hubiera una convivencia mayor, más sabia y especialmente más benevolente de lo superior y lo inferior, del Alfa y el Omega de la sociedad. La raza blanca debe ser la primera en dar la mano de la fraternidad a los pueblos de piel oscura y llamar hermano al pobre “negro” despreciado. Esta idea puede no agradar a todos, pero el que se opone a ella no es teósofo.

 

En vista del creciente triunfo y, al mismo tiempo, mal uso del librepensamiento y la libertad (el reino universal de Satanás, tal como Eliphas Levi lo habría llamado), ¿cómo impedir al instinto combativo natural del hombre infligir crueldades y atrocidades, tiranía, injusticia, etc., hasta ahora inauditas, si no es por medio de la influencia tranquilizadora de la fraternidad y de la aplicación práctica de las doctrinas esotéricas de Buda?

 

Pues, como todo el mundo sabe, emanciparse totalmente de la autoridad del poder único o ley omnipresente, llamada Dios por los sacerdotes – Buda, Sabiduría Divina e iluminación o Teosofía por los filósofos de todas las épocas -, significa también emanciparse de la autoridad de la ley humana. Se comprobará que las doctrinas fundamentales de todas las religiones son idénticas en su sentido esotérico una vez que hayan sido liberadas del peso muerto de las interpretaciones dogmáticas, los nombres personales, las concepciones antropomórficas y los sacerdotes asalariados. Osiris, Krishna, Buda y Cristo serán presentados como nombres diferentes de un mismo camino real hacia la bienaventuranza final, el Nirvana.

 

El cristianismo místico, es decir, el cristianismo que enseña la autoliberación a través de nuestro séptimo principio – el Para-Atma (Augoeides) liberado, llamado Cristo por algunos, Buda por otros, y equivalente a la regeneración o el renacimiento en espíritu -, será visto como la misma verdad que el Nirvana del budismo. Todos hemos de liberarnos de nuestro propio Ego, el yo aparente e ilusorio, para reconocer a nuestro verdadero yo en una vida divina trascendental. Pero, si queremos evitar ser egoístas, debemos esforzarnos por hacer que otras personas vean esa verdad y reconozcan la realidad de ese ser trascendental, el Buda, Cristo o Dios de cada predicador. Es por ello por lo que hasta el budismo exotérico es el camino más seguro para llevar a los hombres a la única verdad esotérica.

 

En el mundo actual, sea cristiano, musulmán o pagano, la justicia es ignorada, y el honor y la piedad son abandonados. En una palabra, viendo que quienes están más dispuestos a servirnos personalmente malinterpretan los principales objetivos de la S. T., ¿cómo hemos de lidiar con el resto de la humanidad y la maldición conocida como “lucha por la vida”, que es la verdadera y más prolífica causa de la mayoría de males y penas, y de todos los crímenes? ¿Por qué esa lucha se ha vuelto un sistema casi universal? Respondemos: porque ninguna religión, a excepción del budismo, ha enseñado hasta ahora un desapego práctico por esta vida terrenal, mientras que cada una de ellas (siempre con esta solitaria excepción) ha inculcado el mayor miedo a la muerte mediante sus infiernos y condenaciones. Por eso vemos que la lucha por la vida es más feroz en los países cristianos, principalmente en Europa y América. Es más débil en las tierras paganas y casi desconocida en los pueblos budistas. (En China, en época de hambruna, y donde las masas son más ignorantes de su propia religión o de cualquier otra, se observó que las madres que devoraban a sus hijos pertenecían a las localidades en las que había más misioneros cristianos; allí donde no había ninguno, y solo los bonzos poseían la tierra, la población moría con la mayor indiferencia). Enséñese a las personas a ver que la vida en esta Tierra, incluso la más feliz, no es más que una carga y una ilusión; que nuestro juez y salvador en vidas futuras es solo nuestro karma, la causa que produce un efecto, y la gran lucha por la vida perderá pronto su intensidad. No hay cárceles en las tierras budistas, y el crimen es casi desconocido entre los budistas tibetanos. (Las observaciones precedentes no se dirigen a usted, A. P. S., y no tienen nada que ver con el trabajo de la Sociedad Ecléctica de Simla. Solo pretenden ser una respuesta a la impresión errónea del Sr. Hume de que el “trabajo de Ceilán” no es teosofía).

 

El mundo en general, y la cristiandad en particular, abandonado durante dos mil años al régimen de un Dios personal, así como sus sistemas políticos y sociales basados en esa idea, ha demostrado ahora ser un fracaso. Si los teósofos dicen: “No tenemos nada que ver con todo esto; las clases más bajas y las razas inferiores (las de la India, por ejemplo, según los británicos) no nos preocupan y deben apañárselas como puedan”, ¿qué ocurre con nuestras bellas declaraciones sobre benevolencia, filantropía, reforma, etc.? ¿Son falsas? Y, si lo son, ¿puede nuestro camino ser el verdadero? ¿No deberíamos dedicarnos a enseñar la explicación racional de los fenómenos de campanas sonando en el aire, de la materialización de tazas, del teléfono espiritual y de la formación del cuerpo astral a unos pocos europeos que viven en la abundancia, muchos de ellos colmados de los regalos de una fortuna inmerecida, y dejar que los numerosos millones de ignorantes, de pobres y despreciados, humildes y oprimidos, se ocupen de sí mismos y de su futuro como mejor puedan? ¡Nunca! Antes perezca la S. T., junto con sus dos desafortunados fundadores, que dejar que se convierta en una mera academia de magia, un centro de ocultismo. Que nosotros, fieles seguidores del hombre de los hombres, Gautama Buda, la encarnación del espíritu de absoluto autosacrificio, de filantropía, de bondad divina, así como de todas las más elevadas virtudes que es posible alcanzar en esta tierra de tristeza, permitamos que la S. T. represente la personificación del egoísmo, el refugio de los pocos que nunca piensan en los muchos, es una idea extraña, hermanos míos.

 

Entre los pocos vislumbres del Tíbet y su jerarquía mística de “Lamas perfectos” que han tenido los europeos, hay uno que fue correctamente comprendido y descrito: “Las encarnaciones del Bodhisattva, Padma Pani o Avalokitesvara y de Tsong-ka-pa y de Amitabha, al morir, renuncian a obtener la condición de Buda – es decir, el summum bonum de la beatitud y la felicidad personal individual – para nacer repetidamente en beneficio de la humanidad” (R. D.). [4] En otras palabras, para someterse una y otra vez a la miseria, a la prisión de la carne y a todas las penas de la vida si, mediante tal autosacrificio, repetido durante largos y tristes siglos, logran asegurar la salvación y la felicidad futura para un puñado de hombres elegidos entre una de las muchas razas de la humanidad. Y de nosotros, humildes discípulos de estos Lamas perfectos, se espera que permitamos que la S. T. abandone su noble título de Hermandad de la Humanidad para convertirse en una simple escuela de psicología. No, no, mis buenos hermanos, ya habéis estado equivocados durante demasiado tiempo. Entendámonos. Quien no se sienta lo bastante capaz de comprender suficientemente la noble idea y de trabajar por ella no necesita asumir una tarea demasiado pesada para él. Pero en toda la Sociedad no hay casi ningún teósofo incapaz de ayudarla eficazmente corrigiendo las impresiones erróneas de los de fuera, o propagando él mismo la idea. ¡Oh, que los hombres nobles y desinteresados nos ayuden eficazmente en la India en esta tarea divina! Todo nuestro conocimiento, pasado y presente, no sería suficiente para recompensarlos.

 

Habiendo explicado nuestros puntos de vista y aspiraciones, solo tengo algunas palabras más que añadir. Para ser verdaderas, la religión y la filosofía deben ofrecer la solución a todos los problemas. Que el mundo esté moralmente en tan mala condición es una prueba concluyente de que ninguna de sus religiones y filosofías (las de las razas civilizadas menos que cualquier otra) ha poseído jamás la verdad. Las explicaciones acertadas y lógicas sobre los problemas de los grandes principios duales – correcto e incorrecto, bien y mal, libertad y despotismo, dolor y placer, egoísmo y altruismo – les son tan imposibles ahora como hace 1881 años. Están tan lejos de la solución como siempre; pero en algún lugar debe haber una solución consistente a estos problemas, y, si nuestras doctrinas demuestran ser capaces de ofrecerla, el mundo confesará pronto que esta debe ser la verdadera filosofía, la verdadera religión, la verdadera luz, que ofrece la verdad y nada más que la verdad.

 

NOTAS:

 

[1] Sobre la referencia a que el futuro es “como una página abierta”, véase “Letters From the Masters of the Wisdom – First Series”, carta 16, a H. S. Olcott, página 45, mitad superior. Sobre la referencia a que el Chohan es “la roca de las edades”, véase “Las Cartas de los Mahatmas”, carta 9, primer párrafo, página 55.

 

[2] Carta 1 en “Letters From the Masters of the Wisdom – First Series”, mitad inferior de la página 4. (CCA)

 

[3] “View of the Chohan on the T.S.”, texto incluido en el volumen “Combined Chronology – For use with ‘The Mahatma Letters to A.P. Sinnett’ and ‘The Letters of H.P.B. To A.P. Sinnett”, de Margaret Conger, T.U.P., Pasadena, California, EUA, 1973, 48 pp.; ver especialmente la página 44. (CCA)

 

[4] Rhys Davids. (Nota de C. Jinarajadasa, editor de “Letters From the Masters of the Wisdom – First Series”)

 

 

El artículo “La Carta del Maha Chohan” fue publicado en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos el 23 de agosto de 2026. El texto forma parte también de la edición de julio de 2025 de “El Teósofo Acuariano”, pp. 1-8. Se trata de una traducción del inglés,  hecha por el teósofo español Alex Rambla Beltrán. Texto original: “The Letter of the Maha-Chohan”.

 

 

Nota de los Editores

 

Es un hecho ampliamente reconocido que el texto “La Carta del Maha Chohan” puede ser considerado como la Constitución interna del movimiento teosófico. De acuerdo con la Logia Independiente de Teósofos, las enseñanzas directas de los Maestros de Sabiduría constituyen la parte más importante de la literatura teosófica.

 

 

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Antes de desejar, faça por merecer, Helena Blavatsky.

 

Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 

 

 

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