
¿Quién Desea Avanzar Realmente
Por El Camino Probatorio?
Carlos Cardoso Aveline

El siguiente artículo fue publicado
inicialmente en la revista canadiense “Fohat”,
edición de invierno de 2005 (hemisferio norte).
Título original: “The Unwanted Blessing”.
Ninguna existencia particular es más que una pequeña ola provisional en el océano ilimitado de la vida.
Desde un átomo hasta una galaxia, todo en el universo late. La mayor parte de los seres vibran durante algún tiempo y entonces se disuelven. Puede pasar mucho tiempo hasta que surjan de nuevo, llevando otras formas externas.
Las pulsaciones están en todas partes y cada una tiene su ritmo. En la Grecia antigua, los pitagóricos enseñaban que todos los seres están, en verdad, hechos de patrones vibratorios. Cada aspecto de la realidad única y universal se compone de ondas, o, más precisamente, de una combinación de diversos ritmos de movimiento ondulatorio.
El proceso de aprendizaje en la mente humana sigue la ley de la vibración universal. Para comprender realidades desconocidas, debemos elevar nuestro ritmo hasta alcanzar nuevos modos de vibración. Cada aspecto del conocimiento humano tiene sus propias maneras de aprovechar la diversidad ilimitada de frecuencias y ritmos.
Algo similar ocurre con el proceso por el cual podemos aprender sabiduría divina. Lo que los libros clásicos de filosofía esotérica nos traen de más precioso son indicaciones sobre los patrones vibratorios que operan en los niveles superiores de la realidad. Sacar provecho práctico de estas indicaciones, sin embargo, es algo que puede ocurrir o no; eso depende de cómo leamos estos libros.
El verdadero desafío ante el estudiante no es familiarizarse con palabras e ideas. La tarea es incorporar los patrones de vida más sabios a su existencia diaria, al mismo tiempo que elimina frecuencias vibratorias incompatibles con el ideal adoptado.
Esta tarea suele llevar tiempo. El aprendizaje de la filosofía esotérica desafía a los skandhas o registros kármicos que fueron acumulados durante varias encarnaciones. A medida que aprende teosofía, el estudiante tiene que cambiar, gradual pero completamente.
Cada nuevo paso a lo largo del camino significa adoptar algún nuevo patrón, y para ello el peregrino debe olvidar algún ritmo o hábito viejo que solía considerar suyo. El antiguo sentido de identidad es abandonado junto con patrones de vibración anteriores. Él comprende que, paradójicamente, el verdadero autoconocimiento solo puede ser obtenido olvidándose de sí mismo.
El mismo desafío es expresado en “Luz en el Sendero”:
“Desea solo aquello que está más allá de ti. Desea solo aquello que es inalcanzable. Porque dentro de ti está la luz del mundo, la única luz que puede iluminar el Camino. Si eres incapaz de percibirla dentro de ti, será inútil buscarla fuera. Ella está más allá de ti, porque cuando la toques te habrás perdido a ti mismo”. [1]
Entonces, ¿cómo podemos hacer un puente hacia lo que está en nosotros y, al mismo tiempo, más allá de nosotros? La importancia de esta cuestión no es pequeña.
Puede decirse que la esencia de la filosofía esotérica moderna está expresada en las “Cartas de los Mahatmas”, las “Cartas de los Maestros de Sabiduría” y los libros y textos escritos o firmados por Helena P. Blavatsky, además de otras obras clásicas. Y tenemos también los ejemplos de vida de H. P. B. y otros discípulos regulares y discípulos laicos que vivieron en el siglo XIX o antes. Muchas de estas lecciones prácticas pueden ser encontradas en los textos de las cartas escritas o dictadas por Adeptos. H. P. B. tenía sus razones para decidir que abordaría las vidas de Iniciados en el tercer volumen de “La Doctrina Secreta”. Aunque este volumen nunca ha sido publicado, la literatura posee varios textos de ella sobre este tema. [2]
Hay, pues, dos aspectos de las enseñanzas esotéricas: el metafísico y el vivencial. Ambos son necesarios.
Por otro lado, si vemos la filosofía teosófica desde el punto de vista de los patrones de vibración, veremos al menos tres “agrupaciones de ritmos”, cuyas “llaves de acceso” están presentes en la literatura esotérica y disponibles para el estudiante atento.
Son las siguientes:
1) Como cada ser humano es un homólogo microcósmico del universo entero, puede literalmente conocerse a sí mismo a través del estudio del cosmos. Las ondas mentales impersonalmente filosóficas de Jnana Yoga pueden ser encontradas en “La Doctrina Secreta”[3] y otros escritos, incluidas las cartas de los Mahatmas. Cuando se leen correctamente, estas obras expanden de modo decisivo, en la consciencia del estudiante, los principios Manas (percepción mental) y Buddhi-Manas (inteligencia espiritual intelectualmente articulada).
2) Una segunda “agrupación” de ritmos más elevados de consciencia surge como consecuencia del punto anterior. Ella produce, por encima de los pensamientos, una percepción interna, localizada en el corazón, de los procesos cosmológicos en su unidad y diversidad dinámicas. Este grupo de vibraciones cambia la consciencia del estudiante en su totalidad. Opera independientemente de cualquier palabra o frase, aunque, en ciertas condiciones, determinadas frases sirvan para despertar la posibilidad de esta vibración y para ponerla en movimiento. Como metáfora, podemos decir que este grupo de vibraciones “fluctúa” ligeramente por encima de la primera “agrupación”.
3) Otra corriente de potencialidades espirituales parece ser una bendición indeseada. Para muchos, es una experiencia desagradable tener cualquier forma de contacto con la tercera gran agrupación de patrones vibratorios presente en las obras clásicas de la filosofía esotérica. Sin embargo, esta agrupación es esencial en el proceso de aprendizaje. Constituye la base: conecta el aprendizaje con el suelo. Produce el olvido del yo personal y el discernimiento, sin los cuales los dos grupos de vibración anteriores son insustentables.
Esta agrupación de ondas o vibraciones trae consigo las posibilidades probatorias que surgen de la práctica de desafiar la ignorancia espiritual y el dogmatismo en sus varias formas. Provoca una revolución interior en la vida del estudiante. Pone al estudiante en una incómoda proximidad con el aprendizaje esotérico real.
Las tres agrupaciones de vibración son inseparables. La probación no ha de ser buscada, ni puede ser evitada, porque todo conocimiento trae consigo algún tipo de responsabilidad y de pruebas. Los estudiantes enfrentan tantas más “probaciones” cuanto mayor sea la fuerza y la pureza de su intención, y de acuerdo con el contenido y el “color” de su karma pasado.
Por tanto, es inútil preguntar cuándo y dónde comienza el proceso de probación. La probación es parte de la vida. Nunca comienza o termina. Su intensidad está siempre determinada por la rapidez y la profundidad del proceso de aprendizaje, y estos dos factores son cambiantes.
Las pruebas son indispensables, porque no podemos vivir la sabiduría sin eliminar los mecanismos de ignorancia espiritual. Y la ignorancia no está solo dentro de nosotros. También está colectivamente presente en la ciudad, en el país y en los grupos e instituciones de las que formamos parte.
Para algunos, el camino espiritual es un modo de obtener paz y comodidad de índole personal. En sus acciones, intentan rechazar el proceso probatorio. Cuando estas personas se enteran de la lucha de H. P. B. contra el dogmatismo teológico y otras formas de ignorancia colectiva, piensan que la fundadora del movimiento teosófico era una figura excesivamente polémica. Adoptan la opinión de que H. P. B. era menos pacífica de lo que debería haber sido. Pensar así puede ayudarnos a disfrazar nuestro apego ciego a la rutina y a la comodidad de la inmovilidad.
Como, en general, quien desafía a la ignorancia colectiva es intensamente atacado, puede que sea cómodo tener a mano explicaciones y excusas para justificar el hecho de que, a veces, ni siquiera intentamos seguir el ejemplo y el patrón vibratorio de los sabios. Por eso, algunas personas dicen que H. P. B. desafiaba los dogmas de su tiempo porque era neurótica, o tal vez porque había un principio de su consciencia que no estaba con su cuerpo físico, sino en el Ashram de los Maestros de los Himalayas. Este hecho es verdadero. El contacto ampliado con los Maestros la volvía excesivamente sensible a la ignorancia promedio del ser humano. Pero, independientemente de estas y otras circunstancias, H. P. B. cuestionaba los dogmas de su tiempo por un motivo bastante simple: era una gran alma.
Lo mismo hicieron innumerables mensajeros, grandes y pequeños, desde Pitágoras, Buddha y Lao Tse. Los mensajeros e instructores derriban dogmas y no dan importancia a su propio bienestar personal. La leyenda de los Evangelios es una narración simbólica de este viaje.
Vistos como patrones vibratorios, la vida y el sufrimiento de Helena Blavatsky dan al estudiante lecciones y ejemplos dignos de ser seguidos. H. P. B. fue un instrumento voluntario para la apertura de un nuevo camino y para el establecimiento de una frecuencia vibratoria mejor en la mente humana. Más de un siglo después de que abandonara su cuerpo físico en 1891, su vida indica el camino estrecho y difícil que, un día, todos nosotros podremos recorrer. El aspecto interno del progreso a lo largo de este camino es radiante. Su sustancia es una bendición ilimitada. En el nivel exterior, sin embargo, la personalidad del aprendiz debe pasar por una dolorosa crucifixión psicológica. Un Mahatma describió este proceso en una carta a un discípulo laico:
“Sin embargo, se le dijo a usted que el sendero hacia las Ciencias Ocultas ha de ser hollado con laboriosidad, y ha de ser cruzado arriesgando la vida; que cada nuevo paso que conduce a la meta final en este sendero, está rodeado de precipicios y de crueles espinas; que el peregrino que se aventura en él debe primero enfrentarse y vencer a las mil y una furias [4] que vigilan sus inquebrantables puertas y sus entradas – furias llamadas Duda, Escepticismo, Desprecio, Ridículo, Envidia y, finalmente, Tentación –, especialmente la última; y que aquel que quiera ver más allá debe destruir primero este muro viviente; que debe estar en posesión de un corazón y de un alma revestidos de acero y de una determinación férrea que nunca se rinda y que, sin embargo, sea sufrida y tierna, humilde, y que haya ahuyentado de su corazón toda pasión humana que conduzca al mal”. [5]
Las cosas grandes se reflejan en las cosas pequeñas, y cualquier estudiante sincero puede experimentar algo del verdadero discipulado si INTENTA vivir a la altura de la enseñanza.
Consciente o inconscientemente, algunos prefieren ignorar el hecho de que el camino hacia el aprendizaje real es estrecho y está lleno de desafíos. El miedo, el apego a la rutina y la elección de la comodidad personal se esconden, generalmente, bajo bellas ideas y frases espirituales. Cuando el camino de lo sagrado se transforma en algo que ha de ser visto por los demás, la prioridad pasa a ser la apariencia de la paz. Entonces el estudiante puede caer en el quietismo, que es amablemente definido en las cartas de los Mahatmas como “esa absoluta parálisis del Alma”. [6]
Los quietistas esotéricos no ven las valiosas oportunidades presentes hasta en las regiones más externas y suaves del camino probatorio. En consecuencia, casi siempre se niegan a defender a los que son injustamente atacados, y sus sentimientos solidarios están hechos más de palabras vagas que de acciones concretas. Cuando escuchan que el trabajo inaugurado por H. P. B. enfrenta desafíos en el siglo XXI, ingenuamente se encogen de hombros. Piensan que eso no tiene nada que ver con ellos, ni con su aprendizaje espiritual.
Tal vez, estas almas con apariencia pacífica intenten situarse encima de todas las cuestiones “mundanas” y conflictivas. Ellas tienen derecho a seguir ilusiones, obstaculizando su propio camino y el camino de otros. Aprenderán a su debido tiempo. No obstante, quienes buscan la verdad pueden obtener un vínculo directo y real con la enseñanza filosófica que estudian, y con la fuente sagrada de dicha enseñanza.
No hay duda de que la combinación de la teoría con la práctica produce peligros. Ser pacífico es una cosa. Parecer pacífico es algo enteramente distinto.
Ser espiritual significa frecuentemente parecer no espiritual. El contraste engañoso entre la imagen externa y la realidad interna hace que cada flor vista a lo largo del camino esconda al menos una o dos espinas que pueden herir fácilmente al peregrino. Y frecuentemente más que eso. “La Voz del Silencio” dice lo siguiente sobre este nivel de la caminata:
“El nombre del segundo [Vestíbulo] es Vestíbulo de la Instrucción. En él encontrará tu alma las flores de vida, pero debajo de cada flor una serpiente enroscada”. [7]
El camino externo y fácil es el camino falso. Son las motivaciones internas las que determinan qué camino estamos recorriendo. Las palabras suaves y hábiles pueden ser solamente un instrumento de hipocresía.
En una de las lecciones del Nuevo Testamento, el amable maestro Jesús nos ayuda a entender las enseñanzas de H. P. Blavatsky sobre la necesidad de que el estudiante defienda la verdad contra la mentira, en vez de intentar parecer un santo a ojos de los demás.
Jesús dice:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” (Mateo 23:25-26).
Quienes consideran poco amable la actitud de H. P. Blavatsky con los que se apegan a la ignorancia deberían meditar con calma, y con regularidad, sobre estas palabras de Jesús:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23:27-28).
Hay, pues, una profunda diferencia entre la apariencia externa de paz, continuamente fingida por todos los tipos de sepulcros blanqueados – teosóficos o no – y la probación espiritual interna enfrentada por aquel que decide hacer un verdadero autosacrificio. Quizás sea esta la razón por la que, en las cartas de los Mahatmas, se invita a los estudiantes a actuar como “guerreros espirituales”. [8]
En los primeros años del movimiento teosófico moderno, la tarea que confrontaba a los teósofos era descrita como un “esfuerzo desesperado” (“forlorn hope”). La expresión usada en inglés es de origen alemán y significa un emprendimiento que casi seguro que fracasará, una iniciativa peligrosa o sin posibilidades de victoria. [9] En una carta a un discípulo laico, un Maestro explicó el uso que hizo de la expresión:
“Lo que quise decir con ‘Empresa Desesperada’ era que, cuando se considera la magnitud de la tarea que deben llevar a cabo nuestros teósofos voluntarios y especialmente los numerosos medios puestos, o dispuestos, para enfrentarse con ellos, muy bien podemos compararlo a aquellos esfuerzos desesperados contra acciones arrolladoras a las que el verdadero soldado tiene a gala enfrentarse. Hizo usted bien al tener en cuenta ‘el gran propósito’ en los modestos principios de la S.T.”. [10]
Si vemos los desafíos que nuestra civilización enfrenta en la primera parte del siglo XXI, y si hacemos un análisis serio del movimiento teosófico a escala mundial, no será difícil comprender por qué motivo el Maestro usó la expresión esfuerzo desesperado para describir la tarea de los teósofos del siglo XIX. Pero no hay tarea imposible a largo plazo. El trabajo práctico en la dirección correcta trae las pruebas que, a su debido tiempo, permiten a los estudiantes acumular experiencia hasta alcanzar la sabiduría de modo seguro y sustentable.
El camino de la probación espiritual nos invita a olvidar las apariencias para aumentar y proteger el Templo de la Verdad en nuestros corazones y mentes. Al hacer esto, comenzamos a prepararnos para merecer las bendiciones incómodas del discipulado laico. Un maestro de los Himalayas escribió:
“Aquel que quiera hacer ondear en lo alto la bandera del misticismo y proclamar la proximidad de su reino debe dar ejemplo a los demás. Debe ser el primero en cambiar su manera de vivir, y, considerando el estudio de los misterios ocultos como un grado superior en la escala del Conocimiento, debe proclamarlo en voz alta, a pesar de la ciencia exacta y de la actitud hostil de la sociedad. ‘El Reino de los Cielos se gana por la fuerza’, dicen los místicos cristianos. Es solo a mano armada y presto a conquistar o a perecer que el místico moderno puede esperar alcanzar su objetivo”. [11]
El arma, naturalmente, es el amor a la verdad. Y es también el respeto por todos los seres.
Durante la caminata hacia “el reino de los cielos en nuestro interior”, debemos INTENTAR lo mejor cientos de veces, cometiendo en todo momento errores dolorosos.
Generalmente aprenderemos a equivocarnos menos y a corregir con más rapidez nuestros errores. Si perseveramos, percibiremos algo: cuando el buen karma comienza a madurar, una nueva mañana se anuncia en el horizonte y el aprendizaje real ya domina enteramente el viaje. Entonces los efectos externos de las bendiciones interiores pasan a ser menos incómodos.
NOTAS:
[1] “Luz no Caminho”, M. C., edición luso-brasileña, The Aquarian Theosophist, 2014, 85 pp., reglas 10 a 12, primera serie de reglas, p. 22.
[2] La edición original de “La Doctrina Secreta” consta de dos volúmenes. El tercer volumen nunca fue publicado y sus originales desaparecieron tras la muerte de H. P. B. Sin embargo, algunos de los textos de H. P. B. sobre las vidas de iniciados no se perdieron, y están publicados en “Collected Writings of H. P. B.”, volumen XIV, TPH, EUA, 1985, 733 pp.
[3] Un texto clásico, en este sentido, es “Las Tres Proposiciones Fundamentales”, de H. P. Blavatsky.
[4] Furias: en la mitología clásica, divinidades femeninas que, instigadas por las víctimas, castigaban los crímenes y vengaban a los dioses.
[5] “Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 62, p. 502.
[6] “Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 28, p. 303.
[7] “La Voz del Silencio”, fragmentos escogidos del “Libro de los Preceptos de Oro”, traducido y anotado por H. P. Blavatsky, Biblioteca Orientalista, Barcelona, España, 1927, pp. 24-25.
[8] “Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 55, p. 461.
[9] “Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary of the English Language”, edición de 1989.
[10] “Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 8, p. 51.
[11] “Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 2, p. 9.
El artículo “La Bendición Indeseada” está disponible en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos desde el 7 de noviembre de 2026. Forma parte también de la edición de febrero de 2025 de “El Teósofo Acuariano”, pp. 5-11. Fue traducido del portugués por el teósofo Alex Rambla Beltrán. Texto original: “A Bênção Indesejada”.
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